El sistema sanitario público de España — el Sistema Nacional de Salud, o SNS — es gratuito en el momento de uso para todas las personas legalmente registradas en España. Esto incluye a los ciudadanos de la UE, a los residentes no comunitarios con permiso de residencia válido y, en muchas comunidades, a cualquier persona registrada en el padrón municipal independientemente de su situación migratoria.

La palabra clave es registrado. Hasta que no completes los primeros pasos, el sistema no sabe que existes. Aquí está el vocabulario para remediarlo.

Esta es la versión monolingüe: cada término se explica en español, sin traducción, pensada para estudiantes de nivel B1 o superior. Si el español es tu lengua materna, encontrarás el mismo artículo con traducción en inglés, alemán, francés, italiano y portugués.

Acceder al sistema

Tarjeta Sanitaria Individual (TSI) — la tarjeta que te identifica como beneficiario del sistema público y que te piden en cada cita, en urgencias y en la farmacia. La emite tu comunidad autónoma y no el Estado, así que el diseño, el nombre exacto y el trámite cambian de Andalucía a Cataluña o al País Vasco. Nadie usa el nombre completo: se dice la tarjeta sanitaria, o simplemente la tarjeta cuando ya estás en el centro de salud. No la confundas con la Tarjeta Sanitaria Europea, que es otra cosa: la pide tu país de origen, es gratuita y solo cubre estancias temporales.

Padrón municipal — el registro de habitantes que lleva cada ayuntamiento, y el primer eslabón de toda la cadena sanitaria. Debes estar registrado aquí antes de poder solicitar cobertura sanitaria en la mayoría de las comunidades. Es un trámite del ayuntamiento, gratuito y ajeno al centro de salud, aunque los dos te vayan a pedir la misma dirección.

Centro de salud — el ambulatorio de barrio donde empieza todo en el SNS: allí está tu médico de cabecera, allí se piden las derivaciones y allí se hacen las pruebas básicas. No lo eliges tú, te lo asignan según tu domicilio (por zona básica de salud). Los nombres se solapan y conviene tenerlos claros: centro de salud es el término oficial de hoy; ambulatorio es la palabra más antigua y sigue viva en el habla diaria; consultorio es el local pequeño de un pueblo, con médico solo algunos días a la semana; y en Cataluña los carteles dicen CAP. Ninguno de ellos es un hospital, y ninguno atiende de madrugada.

Médico de cabecera / Médico de familia — el médico generalista que te asignan en tu centro de salud y que funciona como puerta de entrada a todo lo demás: salvo por urgencias, no llegas al especialista sin pasar por él. Las dos formas son sinónimas — de familia es la oficial y la que figura en los carteles, de cabecera la que usa la gente — y en la conversación basta con mi médico. En América Latina el mismo concepto se llama más bien médico general.

Enfermero/a — el profesional que se ocupa de buena parte del trabajo diario del centro de salud: tensión arterial, vacunas, curas, extracciones y control de enfermedades crónicas. En muchos centros tienes enfermera de referencia asignada y puedes pedirle cita directamente, sin pasar por el médico, que es la vía más rápida para todo lo rutinario. Si oyes practicante, es la palabra antigua para lo mismo.

Consulta — tres cosas a la vez, y el contexto decide cuál: el acto de ver al médico (tengo consulta a las diez), la sala donde te atiende (pase a la consulta) y el horario de atención (consulta de tarde). Para la cita concreta la gente dice más cita que consulta.

Cita previa — el turno que reservas antes de ir, y la única manera normal de entrar al centro de salud: sin cita solo te atienden en urgencias. Se pide por teléfono, por la web o la aplicación de tu comunidad, o en el mostrador de admisión del propio centro. En España la cita se pide o se coge; en América Latina se saca o se agenda, y coger es un verbo que allí conviene evitar.

En la consulta

Síntomas — lo que tú notas y solo tú puedes contar: dolor, mareo, cansancio. Se distinguen de los signos, que son lo que el médico mide o ve. La consulta suele abrirse con ¿qué le pasa? o ¿qué le trae por aquí?, y la respuesta natural no empieza por esta palabra sino por un verbo: me duele..., tengo..., llevo tres días con....

Tengo dolor en... — la fórmula neutra para localizar un dolor, y la que siempre funciona. En el habla real gana me duele, que es más corta y más natural. Fíjate en dos detalles del verbo doler: la parte del cuerpo va con artículo y no con posesivo (me duele la cabeza, nunca me duele mi cabeza), y el verbo concuerda con la parte y no contigo (me duelen las rodillas).

Tengo fiebre — la temperatura por encima de 38 grados. Entre 37 y 38 no se llama fiebre sino décimas o febrícula: tengo unas décimas. En España la temperatura se escribe con coma, 38,5, y se lee treinta y ocho y medio.

Me mareo — la sensación de que todo da vueltas o de que te vas a caer. El médico separa dos cosas que la gente junta: el mareo es una inestabilidad difusa, el vértigo es la sensación clara de giro. Y ojo con el sentido de viaje: me mareo en el coche significa que te dan náuseas.

Tengo náuseas — las ganas de vomitar sin llegar a hacerlo. En la consulta se dice en plural; en casa la gente dice tengo el estómago revuelto o estoy mala. Si ya has vomitado, dilo con el verbo y con el número: he vomitado dos veces, porque eso es lo que se pregunta a continuación.

Tengo tos — el síntoma que el médico va a clasificar en dos tipos, así que ve preparado: tos seca no expulsa nada, tos con flema (o productiva) sí. La tos se tiene, no se hace, y para el tiempo se usa llevar: llevo dos semanas con tos.

¿Desde cuándo? — la pregunta por el inicio de los síntomas, y la que más veces se contesta mal. Hay tres respuestas buenas y no son intercambiables: desde el lunes (el punto de partida), hace tres días (el tiempo transcurrido) y llevo tres días con esto, que es la fórmula más española de las tres. Desde tres días no existe.

Soy alérgico/a a... — la frase que hay que decir sin esperar a que la pregunten, antes de cualquier receta o inyección. El adjetivo concuerda contigo (soy alérgica) y la sustancia va detrás de a: soy alérgico a la penicilina, al ibuprofeno, a los frutos secos. Vale igual tengo alergia a...; lo que no sirve para esto es me da alergia, que se usa para molestias leves.

Tomo medicación regularmente para... — el dato con el que se abre cualquier historia nueva: lleva la lista de lo que tomas con nombre y dosis, o directamente las cajas. Medicación es el tratamiento completo, medicamento es cada producto concreto y medicina sirve para los dos en el habla corriente. Y el verbo que se usa para lo que prescribe el médico es mandar: me lo ha mandado el médico.

Estoy embarazada — el estado, siempre con estar y nunca con ser. Añade las semanas, porque es lo siguiente que van a preguntar: estoy de doce semanas. No lo relaciones con embarazoso, que significa incómodo y no tiene nada que ver.

¿Puede repetirlo más despacio, por favor? — la frase más útil de esta lista. Va en usted, que es lo que se usa con el personal sanitario, y la palabra clave es despacio: pedir más lento se entiende, pero suena a traducción. Funcionan igual de bien ¿me lo puede escribir? y no le he entendido bien.

Los documentos

Receta médica — la orden escrita del médico para que la farmacia te entregue un medicamento. En España el farmacéutico no puede venderte antibióticos ni la mayoría de los tratamientos sin ella, aunque sí aconseja y despacha todo lo que va sin receta. No la confundas con la prescripción, que es la decisión clínica, ni con el informe, que explica el diagnóstico.

Receta electrónica — el sistema con el que funciona hoy casi toda la prescripción en España: el médico deja el tratamiento cargado en tu tarjeta sanitaria y el farmacéutico lo recupera con la TSI o con tu DNI/NIE, sin papel. Como una misma receta puede cubrir meses, en la farmacia se pide la siguiente dispensación y no una receta nueva. El aviso importante: entre comunidades autónomas el sistema no siempre se comunica, y fuera de la tuya puede que te pidan el papel.

Derivación / Volante — el pase que te da el médico de cabecera para llegar a un especialista o a una prueba. Derivación es el término oficial, volante es la palabra de toda la vida y la que oirás en el mostrador, y en algunas comunidades se habla de interconsulta. Sin ese pase la sanidad pública no te da cita con el especialista, y el tiempo que pasa entre la derivación y la cita es lo que se llama lista de espera.

Análisis de sangre — la extracción y su resultado. Casi todo el mundo dice analítica; el acto de sacar la sangre es la extracción, se hace por la mañana y casi siempre en ayunas, es decir, sin comer ni beber desde la noche anterior, café incluido. En América Latina se oye más examen de sangre.

Radiografía — la imagen hecha con rayos X. En la conversación se acorta a una radio (me han hecho una radio del tobillo), lo que despista bastante al principio. El servicio se llama radiología, y el papel que te dan con la interpretación es el informe, no la radiografía.

Ecografía — la prueba con ultrasonidos y sin radiación: la del embarazo, la del abdomen, la del hombro. En España se dice ecografía o eco; ultrasonido para la prueba es lo normal en América Latina, pero aquí suena importado. Muchas exigen ir con la vejiga llena o en ayunas, y eso te lo advierten al dar la cita.

Informe médico — informe médico, emitido cuando necesitas documentación de tu diagnóstico o tratamiento.

Baja médica / Baja laboral — certificado de incapacidad temporal, emitido por tu médico para certificar que no estás en condiciones de trabajar. Debe presentarse tanto a tu empleador como a la oficina de la seguridad social (INSS).

Sanidad privada

Muchos expatriados — en particular los que están en asignaciones internacionales — utilizan la sanidad privada además de, o en lugar de, el sistema público. Las clínicas privadas y los hospitales ofrecen tiempos de espera más cortos y mayor acceso a especialistas que hablan inglés.

Seguro médico — el contrato con una aseguradora privada, al margen del SNS. Un aviso de vocabulario que evita malentendidos: aquí seguro es la póliza privada y Seguridad Social es el sistema público, así que llamar el seguro a la sanidad pública, como se hace en otros países, confunde a cualquier interlocutor español. Lo que se paga cada mes es la prima, o la cuota en lenguaje corriente.

Mutua / Aseguradora — compañía de seguros (en el contexto de la salud privada).

Póliza — el contrato en sí: el documento donde están las coberturas, las exclusiones y los plazos. No es el recibo ni la tarjeta de la mutua. Dos palabras que van con ella y que deciden si te atienden o no: la carencia, el tiempo que tienes que esperar desde la firma antes de usar ciertas coberturas, y la preexistencia, lo que ya tenías al contratar y que la póliza puede dejar fuera.

Copago — copago, la parte que pagas en cada cita privada.

Reembolso — reembolso, si tu póliza es de tipo reembolso en lugar de concertada directamente.

Cuadro médico — la lista de médicos y hospitales cubiertos por tu plan de seguro privado.

Urgencias

Urgencias — el servicio que atiende sin cita lo que no puede esperar. Va siempre en plural: voy a urgencias, nunca a la urgencia. Dos cosas que conviene saber antes de necesitarlo. La primera: para lo que no es grave, el sitio no es el hospital sino el punto de atención continuada del propio centro de salud (PAC, SUAP, CUAP o urgencias de atención primaria, según la comunidad), y desde el hospital te mandarán allí. La segunda: dentro de urgencias el orden lo decide el triaje según la gravedad y no la hora de llegada, y de ahí vienen las esperas largas con la sala llena.

112 — el número de emergencias en España (y en toda la UE).

061 — el número de urgencias médicas en muchas comunidades autónomas españolas, específico para emergencias de salud (equivalente al SAMU 15 francés o al 112 alemán).

¿Dónde está el hospital más cercano? — una pregunta que conviene matizar, porque el hospital más cercano puede no tener urgencias abiertas. En la calle funciona mejor preguntar por el servicio: ¿dónde hay urgencias?. Y si quien te contesta dice ahí mismo o aquí al lado, pide una calle o una referencia: son expresiones muy elásticas.

Llame a una ambulancia, por favor. — el imperativo en usted, que es como se pide ayuda a un desconocido; con sería llama. En una emergencia real funciona mejor algo más corto: ¡Llamen al 112!. Y aunque ambulancia se dice igual en toda España, el servicio tiene nombre propio según la ciudad: SAMUR, SUMMA, SEM, 061.

El sistema sanitario público de España funciona bien para quienes saben cómo utilizarlo. Los pasos de registro son administrativos pero no difíciles; el vocabulario anterior cubre las interacciones sanitarias que siguen. Construye el vocabulario médico antes de necesitarlo — no después.


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