Cuando te incorporas a una empresa española, te encuentras con una estructura y un conjunto de siglas que no se traducen directamente desde el mundo corporativo anglosajón. ¿Qué tipo de empresa es — una SL o una SA? ¿Qué es un autónomo y por qué parece que todo el mundo se convierte en uno? ¿Qué pasa en una junta?
El vocabulario que aparece a continuación cubre lo esencial del mundo corporativo español — estructuras jurídicas, términos de empleo, gobernanza empresarial y la cultura profesional que determina cómo funcionan realmente las reuniones, los correos y las jerarquías.
Esta es la versión monolingüe: cada término se explica en español, sin traducción, pensada para estudiantes de nivel B1 o superior. Si el español es tu lengua materna, encontrarás el mismo artículo con traducción en inglés, alemán, francés, italiano y portugués.
Estructuras jurídicas
Sociedad Limitada (SL) — una sociedad de responsabilidad limitada. La estructura empresarial más común en España para las pequeñas y medianas empresas. Capital mínimo más bajo que una SA, gobernanza más sencilla, normalmente gestionada por sus propietarios o con un pequeño número de socios.
Sociedad Anónima (SA) — la forma societaria pensada para empresas grandes: capital mínimo mucho más alto que el de una SL, acciones libremente transmisibles y posibilidad de cotizar en bolsa. En el habla de oficina casi nadie dice el nombre completo; se dice «la SA» y se lee letra por letra, ese-a. Si conoces las siglas de América Latina, no las cruces: la SL española equivale a la S. de R.L. mexicana o a la SRL argentina, no a la SA.
Sociedad Unipersonal — una empresa unipersonal (SL o SA con un único accionista). Habitual entre los empresarios individuales que desean responsabilidad limitada.
Autónomo — un trabajador autónomo / freelance. En España, autónomo es tanto un estatus jurídico como una forma de trabajar muy extendida. Muchas empresas españolas contratan a trabajadores como autónomos en lugar de como empleados; esto traslada las obligaciones de la seguridad social al individuo. Como autónomo, pagas tu propia cuota de autónomos (cotizaciones a la seguridad social como trabajador autónomo, que en España son progresivas en función de los ingresos).
RETA — Régimen Especial de Trabajadores Autónomos. El régimen especial de la seguridad social para los trabajadores autónomos. Todos los autónomos están registrados aquí.
Administrador — el director / administrador de la empresa. En una SL, el administrador único (administrador único) o el consejo de administración (consejo de administración) dirige la empresa. Tienen responsabilidad personal por determinadas decisiones.
Socio — quien posee una parte del capital de una SL. En una SA la palabra correcta es accionista: los socios tienen participaciones, los accionistas tienen acciones, y esa diferencia no es cosmética sino la que separa las dos formas jurídicas. Fuera del derecho societario, socio significa además «miembro» (de un club, de un gimnasio) y, en registro coloquial, algo parecido a «colega»; en la oficina evita ese último uso.
Junta general de socios — el órgano soberano de una SL: la reunión de los socios, donde se aprueban las cuentas anuales, se decide qué se hace con el resultado y se nombra o cesa al administrador. La convoca el propio administrador. En los documentos verás a menudo solo junta general, porque la ley usa ese nombre para las dos formas jurídicas: el añadido de socios o de accionistas solo indica de qué sociedad se habla. No es una reunión de trabajo, es un acto formal del que se levanta acta.
Junta general de accionistas — el mismo órgano en una SA: la reunión de quienes tienen acciones, donde se aprueban las cuentas y se renuevan los cargos. La ordinaria se celebra una vez al año, dentro de los seis primeros meses del ejercicio; la extraordinaria, cuando hay que decidir algo fuera de ese calendario. Ojo con el registro: en España junta designa un acto societario formal, así que «tengo una junta» no es «tengo una reunión». En México, en cambio, junta es la palabra corriente para cualquier reunión de trabajo.
Estructura de empleo
Contrato indefinido — un contrato de trabajo indefinido. La forma de empleo preferida y más protegida en España.
Contrato temporal — un contrato de duración determinada. Desde la reforma laboral española de 2022, el uso de contratos temporales está más restringido; la mayoría del empleo que no sea inherentemente temporal debe ser en contrato indefinido.
Contrato por obra o servicio — un contrato para un proyecto o servicio específico. En gran medida abolido por la reforma de 2022, que lo sustituyó por nuevas categorías de uso específico.
Período de prueba — el tramo inicial del contrato durante el cual cualquiera de las dos partes puede romperlo sin alegar causa ni pagar indemnización. Hasta seis meses para técnicos titulados y dos meses en el resto de los casos, aunque el convenio colectivo puede fijar otra duración. Dato menor pero útil al escribir: período y periodo son ambas correctas, y en documentación laboral verás las dos.
Convenio colectivo — el acuerdo negociado entre sindicatos y patronal que fija salarios mínimos, jornada, vacaciones y categorías profesionales para todo un sector o para una empresa concreta. En la oficina se abrevia a secas como el convenio, y «eso lo marca el convenio» significa que no es negociable contigo individualmente. Complementa el Estatuto de los Trabajadores y casi siempre mejora el mínimo legal, así que merece la pena leer el tuyo. No lo confundas con el acuerdo de empresa, de rango inferior y aplicable solo a tu centro de trabajo.
ERTE — Expediente de Regulación Temporal de Empleo. Regulación temporal del empleo — el mecanismo español para los despidos colectivos temporales o la reducción de horas, con los trabajadores recibiendo prestaciones por desempleo durante el período afectado. Ampliamente conocido tras su uso masivo durante el período COVID.
Finiquito — el documento de liquidación entregado al final de una relación laboral, que cubre el salario pendiente, las vacaciones y cualquier otro importe adeudado. Fírmalo solo después de revisarlo cuidadosamente.
Indemnización por despido — el dinero que la empresa te debe por poner fin al contrato, y cuya cuantía depende de cómo se califique el despido: 33 días de salario por año trabajado, con un tope de 24 mensualidades, si es improcedente; 20 días con un tope de 12 mensualidades si es objetivo y está bien motivado. Distingue indemnización de finiquito: el finiquito es lo que ya habías ganado y no te han pagado; la indemnización es la compensación por perder el empleo. Se cobran a la vez y se confunden constantemente.
En la oficina
Reunión — el término general para cualquier encuentro de trabajo, de dos personas en un despacho a una videollamada de veinte. La variante que más oirás es reunión de seguimiento: la cita periódica en la que se repasa cómo van los proyectos, sin decisiones formales. El verbo natural es tener («tengo una reunión a las diez», nunca «hago una reunión»); quien la organiza la convoca o, en tono informal, la monta, y reunirse con alguien es pronominal: «me reúno con Marta». De una reunión de seguimiento salen entregables (lo que hay que producir) y plazos: plazo es la palabra normal para lo que en inglés es un deadline, y la fórmula estándar es «el plazo vence el viernes».
Orden del día — la lista de puntos que se van a tratar, en el orden en que se van a tratar. Es masculino a pesar de la terminación: el orden del día. Y hay trampa de género, porque la orden existe y significa otra cosa, un mandato. En reuniones informales muchas oficinas dicen directamente la agenda, calco del inglés ya asentado; en actas y convocatorias formales se escribe siempre orden del día.
Acta — el documento que recoge por escrito lo acordado en una reunión y sirve como prueba de ello. Se levanta o se redacta un acta, y se aprueba en la reunión siguiente. Gramaticalmente es un clásico: la palabra es femenina, pero lleva el en singular por empezar con a- tónica, así que se dice el acta y esta acta, y en plural las actas.
Dirección — el conjunto de personas que dirigen la empresa, tratado como un solo sujeto: «la dirección ha decidido…». Funciona como eufemismo cuando no quieres, o no puedes, señalar a nadie en concreto; para una persona concreta se dice director o directora, nunca dirección. Si escribes a la dirección, el correo español estándar es más corto y menos ceremonioso de lo que suele esperarse: Hola, Marta o Buenos días para abrir, un saludo o saludos para cerrar, y Estimada Sra. Ruiz / Atentamente reservados para lo verdaderamente formal o para quien no conoces.
Gerente — director general.
Directivo/a — miembro del equipo directivo.
Mandos intermedios — la capa de jefes situada entre la dirección y el resto de la plantilla: responsables de equipo, jefes de sección, coordinadores. Se usa casi siempre en plural y con tono neutro y descriptivo, más propio de documentos de RRHH que de conversación. En singular, mando suena militar; para hablar de tu jefe concreto lo natural es mi responsable o mi jefe.
Plantilla — el conjunto de personas contratadas por la empresa: «somos una plantilla de doscientos» equivale a «somos doscientos empleados». Estar en plantilla es la expresión clave, porque significa ser empleado de la empresa frente a estar subcontratado o facturar como autónomo. Es palabra resbaladiza: la misma forma designa la plantilla de un documento y la suela interior del zapato, y en gran parte de América Latina el sentido de «personal» no se entiende, donde se dice el personal o la nómina.
Departamento — la unidad organizativa dentro de la empresa: departamento de ventas, de compras, financiero. En la práctica se dice más el nombre a secas («está en ventas», «lo lleva financiero») que la fórmula completa, y en empresas grandes área y dirección funcionan como sinónimos de mayor tamaño. Fuera del ámbito laboral, en buena parte de América Latina departamento es la palabra corriente para lo que en España se llama piso; en la oficina, en cambio, el sentido organizativo es el mismo en todas partes.
Recursos Humanos (RRHH) — el departamento que gestiona contratación, nóminas, permisos y conflictos laborales. La sigla dobla las letras porque en español las siglas de palabras en plural se escriben así (RRHH, EEUU, CCAA), y se lee «erre-erre-hache-hache». En multinacionales convive con el anglicismo HR y con la etiqueta más reciente Personas. Nota de contexto, no de idioma: RRHH representa a la empresa, no a ti, y eso cambia cómo conviene plantear un problema allí.
Nómina — el documento mensual que detalla tu salario bruto, las retenciones de IRPF y Seguridad Social y el neto que llega al banco. Por extensión, la nómina es el sueldo mismo: «vivo de mi nómina», «me han subido la nómina». Guárdalas todas, porque te las pedirán para alquilar un piso, pedir una hipoteca o renovar el permiso de residencia. Contrasta con factura, que es lo que emite un autónomo en lugar de recibir nómina.
IRPF — Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Impuesto sobre la renta de las personas físicas, retenido de tu salario por el empleador y pagado a la autoridad tributaria (Agencia Tributaria). El tipo es progresivo.
Seguridad Social — cotizaciones a la seguridad social, compartidas entre empleador y empleado.
Número de Seguridad Social — tu número de la seguridad social, emitido cuando empiezas a trabajar por primera vez en España. Esencial para el empleo.
Notas culturales
La cultura profesional española está orientada a las relaciones y a menudo es más jerárquica que las normas del norte de Europa o del mundo anglosajón. Algunas observaciones prácticas:
Tuteo vs usted — la elección entre el tú informal y el usted formal. En muchas empresas españolas modernas, especialmente en tecnología y startups, el tuteo (tratamiento informal) es la norma. En sectores más tradicionales (derecho, banca, administración pública), el usted es estándar con los superiores. Sigue el ejemplo de tus compañeros.
Horario de trabajo — la distribución de tus horas a lo largo del día, que no es lo mismo que la jornada (el número total de horas). Muchas empresas españolas, sobre todo en Madrid y en sectores tradicionales, han funcionado con jornada partida: mañana, pausa larga al mediodía y vuelta hasta las siete o las ocho. La alternativa es la jornada continua o intensiva, habitual en verano y cada vez más el resto del año. Pregunta por el horario real antes de firmar en lugar de darlo por supuesto, porque el que figura en el contrato y el que se practica no siempre coinciden.
Conciliación — forma abreviada de conciliación de la vida laboral y familiar: la posibilidad real de compatibilizar el trabajo con el cuidado de hijos o de mayores. Nadie dice la fórmula entera; se habla de «medidas de conciliación» o de una empresa «con buena conciliación». Cuidado con el homónimo jurídico, porque en derecho laboral la conciliación es también el trámite de mediación previo y obligatorio antes de demandar a la empresa, y ahí la palabra no tiene ninguna relación con la familia.
Trabajar eficazmente en una empresa española requiere vocabulario en tres niveles: el formal (contratos, estructura legal), el profesional (reuniones, jerarquía) y el cultural (cómo habla realmente la gente entre sí, qué espera, qué quiere decir con lo que dice). Construye los tres.
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